viernes, 14 de marzo de 2014

LA CREDENCIAL


La Credencial

La Credencial o Pasaporte del Peregrino es el sucesor de los documentos entregados a los peregrinos en la edad media como salvoconducto. Hoy en día existe un modelo oficial de credencial distribuída y aceptada por la Oficina de Peregrinaciones de la Diócesis de Santiago. Se puede conseguir solicitándola personalmente en la Oficina de Acogida al Peregrino o en otras instituciones autorizadas por la Catedral de Santiago para su distribución, tales como parroquias, Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, albergues de peregrino, cofradías, etc. Fuera de España, algunas asociaciones relacionadas con la peregrinación han sido autorizadas a distribuir sus propias credenciales. De todas formas, las credenciales oficiales se pueden adquirir tanto en España como en el extranjero


En reverso muestra una serie de mapas de los Caminos de Santiago, y otra página  con la siguiente bendición, procedente del Codex Calixtinus, escrito en el siglo XII:


Bendición

“En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, recibe este morral hábito de tu peregrinación para que castigado y enmendado te apresures en llegar a los pies de Santiago, a donde ansías llegar, y para que después de haber hecho el viaje vuelvas al lado nuestro con gozo, con la ayuda de Dios, que vive y reina por todos los siglos Amén.

Recibe este báculo; que sea como sustento de la marcha y del trabajo para el camino de tu peregrinación, para que puedas vencer las catervas del enemigo y llegar seguro a los pies de Santiago y después de hecho el viaje, volver junto a nos con alegría, con la anuencia del mismo Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos Amén”

(Codex Calixtinus.  Sermón “Veneranda dies” LI, c XVII)

  
Oración del Peregrino

Apóstol Santiago, elegido entre los primeros, tú fuiste el primero en beber el cáliz del Señor y eres el gran protector de los peregrinos; haznos fuertes en la fe y alegres en la esperanza en nuestro caminar de peregrinos siguiendo el camino de la vida cristiana, y aliéntanos para que, finalmente, alcancemos la gloria de Dios Padre. Amen.

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